miércoles, 22 de marzo de 2017

"I vnov' prodolzhayetsya boy" (1974), la legendaria canción soviética en el Centenario de la Revolución Rusa


Aunque se la considera mítica en la historia de la música revolucionaria soviética, "И вновь продолжается бой" ("I vnov' prodolzhayetsya boy", "Y de nuevo, la lucha continúa") es una canción relativamente reciente compuesta en 1974 por la no menos legendaria Aleksandra Pakhmutova (autora también de "Kuba, lyubov' moya"), con letra de su marido Nikolái Dobronravov. Dedicada a la Revolución de Octubre y a Lenin, su tono alegre y optimista auguraba un gran futuro a la URSS y al ideario del comunismo. Sin embargo, no fue bien recibida entre las autoridades soviéticas que opinaron que los "duros" acordes de percusión y solos de guitarra "ofendían la memoria del líder". Pese a estas reticencias iniciales, la canción sonó en la clausura del 17º Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas celebrado aquel mismo año.

Su moderna versión instrumental (en el videoclip anterior) es la que grabó el grupo Silenzium en el año 2015. De existir aún la Unión Soviética, las nuevas canciones revolucionarias, y también las antiguas, se interpretarían seguramente con un estilo musical muy parecido a éste. Liderada desde sus inicios por la chelista Natalia Grigorieva, esta banda de rock sinfónico y heavy metal neoclásico se creó en 2004 con ex alumnos del conservatorio de música de Novosibirsk. En la actualidad, acompañan a Grigorieva –autora también de los arreglos musicales de esta versión las violinistas Ilariya Kalmazan y Yelizaveta Krylova.

Esta es la letra original de Pakhmutova:


Неба утреннего стяг...
В жизни важен первый шаг.
Слышишь: реют над страною
Ветры яростных атак!

Припев:
И вновь продолжается бой.
И сердцу тревожно в груди...
И Ленин — такой молодой,
И юный Октябрь впереди!

Весть летит во все концы:
Вы поверьте нам, отцы, —
Будут новые победы,
Встанут новые бойцы!

Припев.

С неба милостей не жди!
Жизнь для правды не щади.
Нам, ребята, в этой жизни
Только с правдой по пути!

Припев.

В мире зной и снегопад...
Мир и беден и богат...
С нами юность всей планеты —
Наш всемирный стройотряд!

Припев.

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Neba utrennego styag...
V zhizni vazhen pervyy shag.
Slyshish': reyut nad stranoyu
Vetry yarostnykh atak!

Pripev:
I vnov' prodolzhayetsya boy.
I serdtsu trevozhno v grudi...
I Lenin — takoy molodoy,
I yunyy Oktyabr' vperedi!

Vest' letit vo vse kontsy:
Vy pover'te nam, ottsy, —
Budut novyye pobedy,
Vstanut novyye boytsy!

Pripev.

S neba milostey ne zhdi!
Zhizn' dlya pravdy ne shchadi.
Nam, rebyata, v etoy zhizni
Tol'ko s pravdoy po puti!

Pripev.

V mire znoy i snegopad...
Mir i beden i bogat...
S nami yunost' vsey planety —
Nash vsemirnyy stroyotryad!

Pripev.

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Las primeras luces de la mañana...
En la vida, el primer paso es importante.
¿Escuchas? Se ciernen sobre el país
Vientos de ataques furiosos!

Coro:
Y otra vez, la lucha continúa.
Y el corazón late ansioso en el pecho...
Y Lenin, tan joven!
Y el joven Octubre en marcha!

La canción vuela por todas partes:
Creednos, padres,
Habrá nuevas victorias,
¡Habrá nuevos combatientes!

Coro.

No esperes ayuda del cielo!
No perdones la vida por la verdad.
Muchachos, en esta vida
Nuestro camino sólo con la verdad!

Coro.

El mundo del calor y la nieve...
se divide en pobres y ricos...
Con nosotros, la juventud de todo el planeta —
Nuestros constructores en toda la Tierra!

Coro.


Una de las versiones más famosas de esta canción es la del barítono soviético Leonid Anatólevich Smetannikov. La del siguiente vídeo, con subtítulos en inglés, es una grabación que la televisión soviética realizó en el año 1975. Smetennikov, nacido en 1943 en Fershampenuaz, un pueblo de la región de Cherlyabinsk, es uno de los cantantes de ópera más laureados de su país. Desde 1989 ejerce como profesor de canto en el conservatorio de Sarátov.


Otra de las versiones celebérrimas de "I vnov' prodolzhayetsya boy" es la del barítono moscovita Lev Valeriánovich Leschenko (1942). La que sigue es su interpretación en la Sala de las Columnas de la Casa de los Sindicatos el 9 de enero de 1988, durante los actos de concesión del Premio Lenin a Aleksandra Pakhmutova. Misteriosamente, ese premio nunca llegó a sus manos.


Existen más versiones de esta canción soviética que han pasado a la historia. Entre ellas, las de Iósif Kobzon y Yegor Letov. Se trata de un himno inmortal que, por su letra esperanzadora y su tono nostálgico, podría convertirse perfectamente en la banda sonora del Centenario de la Revolución de Octubre que se celebra este año.


martes, 14 de marzo de 2017

Paulus y yo: En memoria de Piotr Vasílievich Alkhutov


Se acaban de reeditar las memorias de Friedrich (von) Paulus, el mariscal de la Wehrmacht a las órdenes de Hitler que en 1942 intentó conquistar Stalingrado. Dichas memorias, en realidad un compendio de textos recopilados por Walter Goerlitz y prologados por su hijo Ernst Alexander Paulus, se titulan, precisamente, “Stalingrado y yo”. La noticia de esta publicación me ha llevado a recordar, de una forma casi inconsciente, la cadena de hechos casuales que hace algo más de cinco años me permitieron visitar el que fuera el centro de mando de Paulus en el sótano de unas tiendas de Volgogrado, en Rusia, y conocer personalmente a uno de sus captores, un por aquel entonces jovencísimo soldado del Ejército Rojo convertido setenta años después en un legendario veterano muy respetado en su país.

Todo comenzó en la primavera de 2005, año en que se conmemoraba el sexagésimo aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial. Con motivo de esta efeméride, la librería de unos grandes almacenes de mi ciudad sacó a la venta un pack especial de dos libros y un DVD sobre aquel episodio bélico. Eran “Berlín. La caída: 1945” y “Stalingrado”, ambos del historiador y ex oficial del Ejército británico Antony Beevor, y un documental de corta duración y mensaje pacifista elaborado justo después de la contienda. Nunca antes había leído nada de este género literario, ni me atraía especialmente lo relacionado con las tácticas de guerra, pero dio la casualidad de que un par de meses antes había visitado Berlín y aquella experiencia, unida a mis recuerdos de juventud, en plena Guerra Fría, provocaron en mi interior una súbita regresión mental hacia antiguos intereses ideológicos y culturales. En 2005 internet era todavía un fenómeno relativamente incipiente en el que no existían, por lo menos tal como los conocemos hoy en día, ni los traductores virtuales, ni los mapas vía satélite, ni muchas de las miles de páginas web que podemos visitar en la actualidad de forma fluida. Es por este motivo que la lectura de aquellos libros, que hacían referencia a lugares del pasado que aún existían, supuso para mí un descubrimiento que me cambió la vida. Comencé a sentir lo que Walter Benjamin denominaba «la pasión por buscar e intentar entender el sentido de la historia a partir de sus producciones más pequeñas, incluso a partir de sus ruinas». Después de dos viajes en solitario a Rusia, concretamente a las ciudades de Moscú, Volgogrado y San Petersburgo, entablé amistad con un experto en la batalla de Stalingrado, el abogado y urbanista Eduard Moreno, que fue quien me dio el espaldarazo definitivo en el universo histórico y simbólico de la “madre de todas las batallas”. Por aquellos años asistí a varias conferencias suyas en el Ateneu Barcelonès y en una de ellas, en el mes de junio de 2009, fui presentado al matrimonio Fedosov, una pareja de profesores universitarios de Volgogrado (la ciudad llamada Stalingrado entre 1925 y 1961) que se encontraba de visita en Barcelona para participar en unas jornadas dedicadas a la historia y cultura de los cosacos del Don. Desgraciadamente, a Yuri Fedosov sólo pude conocerlo a lo largo de esos pocos días, compartiendo una cena y algún paseo hasta el hotel donde se alojaban: falleció al año siguiente, de forma repentina, mientras daba una clase de antropología en su facultad.

Tres textos fundamentales sobre la batalla de Stalingrado: el de Antony Beevor (Ed. Crítica, 2005), el de William Craig (Ed. RBA, 2006) y el de Stephen Walsh (Ed. Libsa, 2002)

Dos años después, en septiembre de 2011, Moreno organizó un viaje a Volgogrado centrado en todo lo relativo a la batalla de Stalingrado, una expedición cultural que se convirtió en una vivencia decisiva para mí. Con Oksana Fedosova, la viuda de Yuri, como cicerone y traductora, en seis días frenéticos recorrimos los lugares más emblemáticos relacionados con la Segunda Guerra Mundial. Aún hoy en día, cumplidos casi tres cuartos de siglo desde aquellos acontecimientos, las plazas y calles de la antigua Stalingrado continúan supurando patriotismo, nostalgia, comunismo, guerra y heroicidad. Sin embargo, hay dos visitas que destacaron por encima de las demás. Son las que hicimos al Club de Veteranos “Stalingrado”, cuya sede está situada en los sótanos de la legendaria Casa de Pávlov, y al Museo Pamyat (“Memoria”), en la planta subterránea de los Almacenes Univermag, lugar donde se instaló en 1942 el puesto de mando del 6º Ejército alemán comandado por Paulus. Construidos en 1938, en la actualidad estos almacenes comerciales siguen funcionando como tales, aunque en un formato moderno y de titularidad privada.

Los Almacenes Univermag de Stalingrado (Volgogrado) fotografiados en 1943 y 2011 (la fotografía de la derecha es del autor del blog)

En los seis años que habían transcurrido desde que me topé con aquellos libros sobre las dos grandes batallas del siglo XX, la figura de Friedrich Paulus (el "von" fue un añadido suyo) había vagado a mi alrededor de una forma casi difusa, adquiriendo corporeidad a medida que leía más sobre él. A la obra de Beevor sobre Stalingrado habían sucedido la de William Craig (considerada más rigurosa) y la de Stephen Walsh. En un reciente artículo publicado en El País sobre la reedición de esa recopilación de textos personales, titulado “El regreso del mariscal Von Paulus”, su autor, Jacinto Antón, calificaba al militar alemán de «guapo, elegante, estirado, agrio, adusto, de nula empatía, indeciso, pretencioso y cargante». Sin embargo, su biografía me provocó desde el primer momento una mezcla extraña de compasión, perplejidad y admiración. Rechazado inicialmente por la Marina imperial debido a su origen pequeñoburgués, sobrevivió en Stalingrado a una serie de circunstancias que superaron lo humanamente soportable –el cerco soviético, una disentería atroz que lo dejó en los huesos, la traición de Hitler al no acudir al rescate de su ejército–, viviendo sus últimos años como un ciudadano más de la República Democrática Alemana, el pequeño país comunista fundado en 1949 por los enemigos del III Reich. Con estas sensaciones en la mochila, la mañana del 12 de septiembre de 2011, la primera que pasábamos en Volgogrado después de diecinueve horas en un tren nocturno procedente de Moscú, me encontré de repente frente al pequeño y austero cubículo subterráneo donde Paulus intentó infructuosamente no perder la guerra, debatiéndose entre luchar hasta el final, rendirse o pegarse un tiro. En aquellos días, la historia de la humanidad se decidió para siempre en un margen de maniobra de apenas doscientos metros junto al río Volga. Casi me pareció ver al fantasma del mariscal observándome desde alguno de los pasillos tenebrosos del Museo Pamyat, entre suplicante y relajado conociendo, cómo sabría tras ser detenido, el final de aquel desastre. Y yo solo pude pensar en aquel instante que lo que había comenzado en 2005 en la planta baja de unos grandes almacenes, culminaba aquel día en un lugar similar, aunque en Rusia y una planta más abajo, más cerca del infierno.

Recreación de la oficina de Paulus en el mismo espacio donde vivió el mariscal, en el sótano de los Almacenes Univermag (Museo Pamyat), tal como se la encontraron los soldados soviéticos el 31 de enero de 1943. En 2011, ese muñeco que aparece en la imagen, que supuestamente representaba al oficial alemán, se accionaba automáticamente poniéndose de pie cuando un visitante del museo se colocaba frente a la entrada de la habitación. Tiempo después fue suprimido. La fotografía es del autor del blog

Cinco días más tarde, el último de nuestra estancia en la ciudad, fuimos de visita al Club de Veteranos “Stalingrado”, con cuyos miembros habíamos concertado una entrevista. Una delegación de ex combatientes, capitaneada por el incombustible coronel Vladímir Semiónovich Turov, nos recibió en su sede en la Casa de Pávlov, el edificio de apartamentos –reconstruido tras la guerra– donde en 1942 el pelotón al mando del suboficial Yákov Pávlov resistió de forma numantina el asedio de las tropas alemanas. Uno de los objetivos de aquel viaje era grabar en vídeo los relatos de cuantos testigos de la batalla pudiésemos encontrar. Después de una arenga de Turov frente a un enorme retrato de Stalin, aquellos veteranos soviéticos, uniformados o trajeados pero con todas sus condecoraciones luciendo en sus pecheras, fueron desfilando uno por uno frente a la cámara de Eduard Moreno para dejar testimonio de sus experiencias en la batalla. Acabado el encuentro, fue el mismo Moreno quien, haciendo gala de una extraordinaria memoria visual, relacionó a uno de ellos con un cuadro que habíamos visto días atrás en el Museo Pamyat. En efecto, aquel anciano serio y prudente, de cabellos plateados, elegante en su traje gris y extremadamente atento a todo cuanto se dijo durante la reunión, era Piotr Vasílievich Alkhutov, sargento de la 38º Brigada motorizada que el 31 de enero de 1943, a las tres de la tarde, descendió junto a doce miembros de su unidad, comandados por el jefe del Estado Mayor Iván Andréyevich Laskin y el teniente mayor Fiódor Mijáilovich Ilchenko, hasta el centro de operaciones del 6º Ejército alemán en el sótano de los Almacenes Univermag, cuyos oficiales ya se habían rendido. Con tan solo 19 años de edad, era el miembro más joven de aquel grupo de soldados y fue el que hizo la primera guardia como centinela frente a la oficina de Paulus, con el mariscal alemán recluido en el interior. Participó así mismo en la reparación de su vehículo privado, averiado durante los combates, que fue usado por los soviéticos para conducirlo hasta su lugar de arresto, primero en la comandancia del 64º Ejército y, más tarde, en la del Frente del Don. Sin saberlo, aquella mañana le habíamos dado la mano a una parte de la historia viva de la batalla de Stalingrado, una leyenda equiparable al francotirador Záitsev o al mismo Pávlov. No he tenido acceso a la transcripción entera de la entrevista que se le hizo ese día, pero sí recuerdo como nuestra traductora mencionó «el estado lamentable en que se encontraba Paulus tras su rendición». Un comentario que me marcó especialmente porque aquel ex soldado de excelente memoria mostró compasión recordando al ser humano que aquel día tuvo frente a él, no al odiado mariscal de campo al servicio de Hitler.


Fotografía del encuentro en el Club de Veteranos "Stalingrado" entre los ex combatientes del Ejército Rojo y el grupo de personas que ese día, el 17 de septiembre de 2011, les hicimos una visita para entrevistarlos. Piotr V. Alkhutov (Петре Васильевиче Алхутове) es el segundo comenzando por la izquierda. En la segunda imagen, el mismo Alkhutov aparece retratado en el cuadro del centro en una de las salas del Museo Pamyat, acompañado por otros miembros de la 38º Brigada motorizada. Esta casualidad fue la clave para comprender la relevancia del personaje que habíamos conocido aquella mañana. Ambas fotografías son del autor del blog

Cuando hace unos días leí por casualidad el artículo de El País sobre las memorias de Paulus, decidí buscar algún documento en internet que hablase sobre todos aquellos ancianos que de forma tan atenta y desinteresada nos recibieron en su club hace cinco años. Fue entonces cuando supe que, lamentablemente, Alkhutov había fallecido el pasado 7 de noviembre de 2016 a los 93 años de edad. La desaparición de este veterano, un héroe entre sus conciudadanos su fallecimiento fue noticia en la televisión localpero un absoluto desconocido para el resto de la humanidad, me llenó de tristeza. Nacido el 2 de septiembre de 1923 en el distrito Sredneakhtubinsky de Tsaritsyn (Stalingrado a partir de 1925), trabajaba en una granja agrícola cuando en julio de 1942 fue llamado a filas por el Ejército Rojo, habiendo podido ir a la escuela solamente durante siete años. Después de la batalla de Stalingrado entró a formar parte de la 7ª Brigada de la guardia y del 5º Ejército de tanques, combatiendo en Ucrania –participó en el decisivo cerco de Korsun-Cherkassy–, Kursk, Polonia y Alemania (su intervención en la guerra finalizó el 10 de mayo de 1945 en la batalla de Breslavia). Desmovilizado en 1949, se convirtió en policía de transporte del servicio ferroviario de Stalingrado, siendo ascendido en los años sesenta a subinspector de investigación criminal. A sus condecoraciones como combatiente en la Gran Guerra Patria (Orden de la Estrella Roja, Medalla por la Defensa de Stalingrado, Medalla por la victoria sobre Alemania), hay que añadir la Znak Pocheta (Placa de Honor) que obtuvo como policía gracias a su tarea escrupulosa y a las 80 detenciones, algunas de peligrosos delincuentes, que acumuló a lo largo su carrera. Más adelante se dedicó a transmitir su experiencia como investigador criminal a los futuros policías de transporte de todo el país. Con su muerte, Alkhutov se lleva consigo unas vivencias irrepetibles que con el paso del tiempo se diluirán poco a poco en la memoria colectiva, quedando para la posteridad el frío recuento enciclopédico de lo que sucedió en ese lugar del Cáucaso entre 1942 y 1943. Piotr Vasílievich fue enterrado con honores militares en el cementerio Dimitrov de Volgogrado, con salvas y el himno soviético sonando junto a su tumba. El británico David Frimpong, director de marketing de la asociación Stalingrad Heritage para la preservación del legado de la batalla, estuvo presente en la ceremonia.

Mayakovski




Imágenes del funeral de Alkhutov en el cementerio Dimitrov de Volgogrado, celebrado el 11 de noviembre de 2016. Son capturas del reportaje emitido por la televisión local Volgograd-TRV



Piotr Vasílievich junto a su esposa, fotografiados en su domicilio familiar unos meses antes de su fallecimiento



 

En la Escuela de Secundaria número 54 de Volgogrado existe un aula dedicada exclusivamente a la batalla de Stalingrado. En esta exposición permanente aparecen muchas fotografías de Piotr V. Alkhutov, algunas de ellas donadas por él mismo. Las imágenes anteriores son, respectivamente: 1) Un panel explicativo de la batalla de Stalingrado, 2) Alkhutov en los años 70 con jóvenes del regimiento 255, 3) Alkhutov junto a la llama eterna en los años 80, 4) Su gorro reglamentario cuando combatió en Stalingrado y 5) La Insignia de la Guardia que lució en esa misma época

Foto oficial con su uniforme de policía de transporte, aproximadamente entre los años 60 y 70

Un grupo de soldados de la 38º Brigada motorizada fotografiados en 1943 en las proximidades de los Almacenes Univermag de Stalingrado

Retrato de Piotr V. Alkhutov, obra de los pintores Fiódor Novikov y Elena Novikova. Toda la serie, dedicada al regimiento inmortal de Stalingrado, se encuentra expuesta actualmente en el Teatro de Volgogrado


Dos instantes del encuentro celebrado en el Club de Veteranos "Stalingrado" el 17 de septiembre de 2011. En ambas imágenes aparece Piotr V. Alkhutov. Las fotografías son del autor del blog







Tras su reconstrucción después de la guerra, los Almacenes Univermag dejaron de hacer esquina en la manzana de casas a la cual pertenecían. La célebre fachada semicilíndrica donde durante unos meses pend la bandera nazi se encuentra oculta desde entonces tras el hotel Intourist, que es el que ahora hace esquina en la calle Mira (de la Paz). Para acceder al Museo Pamyat hay que entrar en los grandes almacenes por la plaza de los Combatientes Caídos y descender por unas escalinatas hasta la planta subterránea. Existe una salida por una puerta trasera junto a la antigua fachada. Excepto las dos primeras, el resto de fotografías son del autor del blog





La sede del Club de Veteranos "Stalingrado" se encuentra ubicada en la mítica Casa de Pávlov, en uno de los sótanos del número 39 de la calle Soviétskaya. Se trata de un lugar emblemático situado cerca de la harinera en ruinas, del Museo-Panorama y detrás de una estatua de V.I. Lenin en una gran avenida que lleva su nombre

(Fuentes: http://v1.ru/text/newsline/262359444922368.html, http://www.stalingrad-battle.ru/index.php?Itemid=38&id=1278&option=com_content&view=article, http://cultura.elpais.com/cultura/2017/03/07/actualidad/1488899937_575248.html, https://all-volgograd.ru/umer_uchastnik_pleneniya_fel_dmarshala_paulyusa_petr_alhutov.html, http://waralbum.ru/49080/, https://infourok.ru/prezentaciya-na-konkurs-muzey-i-veka-1145623.html, https://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Paulus, https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Stalingrado, http://www.volgograd-trv.ru/flashN.aspx?id=37651, http://volg.mk.ru/articles/2016/11/10/v-volgograde-proshhayutsya-s-legendarnym-uchastnikom-pleneniya-feldmarshala-paulyusa.html, http://www.stalingradheritage.com/home/4585475414, https://пфоут.мвд.рф/document/3092385 y Google Maps y Street View [14-03-2017])

viernes, 10 de marzo de 2017

Un ruso en el Camp Nou: así vivió Andrey Kirov la remontada histórica del Barça frente al PSG (6-1)


De haber existido hace 100 años los palos de selfie, actualmente dispondríamos de documentos videográficos de un valor incalculable sobre acontecimientos históricos únicos como la toma del Palacio de Invierno de Petrogrado,  el funeral de Lenin o la batalla de Stalingrado rodados desde el punto de vista subjetivo de sus autores. Sin embargo, los avances tecnológicos llegaron mucho más tarde, con la URSS ya finiquitada, y de aquella época sólo disponemos de algunas filmaciones improvisadas como la que se hizo durante la fiesta del 1º de Mayo de 1990 desde los adoquines de la plaza Roja, aprovechando el rodaje de una película francesa. 

Quedémonos, pues, con este reportaje amateur de un joven ruso de 27 años durante otro momento histórico...